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lunes, 4 de mayo de 2015

El aguila y la gallina




  Erase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos. Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:
- ¿Por qué este águila, el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrado en el corral con los pollos?
El granjero contestó:
- Me lo encontré malherido en el bosque, y como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.
El naturalista dijo:
- El tuyo me parece un gesto muy hermoso, haberle recogido y curado. Además, le has dado la oportunidad de sobrevivir, le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar. ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?
- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.
- Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como tú muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?
- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila. ¡Qué le vamos a hacer! Hay cosas que no se pueden cambiar.

- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?
- Tengo mis dudas, porque ¿qué es lo que cambia si en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?
- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero ¿no crees que si pensamos en las posibilidades de volar esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?
- Es posible.
- ¿Qué te parece si probamos?
- Probemos.
Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo: "Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral.
Muy temprano, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila, abre las alas y vuela".
El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Este, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente: "No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás como vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas".
El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Entonces el naturalista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo.
Había recuperado, por fin, sus posibilidades.

Somos granjeros y naturalistas

No resulta fácil, en la relación de ayuda, liberarse de la tendencia a llevar al otro al propio corral del ayudante. Resulta más comprometedor y complejo promover al máximo los recursos del ayudado (del paciente, de la persona en situación de exclusión o marginación).
Podemos fácilmente adoptar actitudes semejantes a las del granjero, que promueve la cómoda actitud de la dependencia y el cuidado no liberador, en lugar de actitudes semejantes a las del naturalista, que se empeña en despertar el corazón de águila y estimularle a ser sí mismo.
Ayudar a ser sí mismo supone reconocer que dentro de cada uno hay un águila y una gallina. Y ayudar significa acompañar a liberar el águila.
Pensemos en la necesidad de promover el protagonismo de cada uno en los procesos preventivos y terapéuticos, en la necesidad de acompañar a descubrir los propios recursos para utilizarlos al máximo y no hacer de la relación de ayuda una producción de dependencias o estilos autoritarios, protectores o paternalistas.
Pensemos en los estilos de acompañamiento en entornos de pobreza donde a veces los agentes sociales importan modelos de vida y costumbres sin acompañar a desplegar las alas de los individuos y los pueblos sin promover la autoafirmación de sí mismos como diferentes. Pensemos en el riesgo de un sutil colonialismo que puede darse si no se estimula el águila que hay dentro de las personas y los grupos, respetando las diferencias culturales y sus implicaciones religiosas.
Pensemos en la comodidad que supone en los procesos de ayuda conformarse con la moral (costumbres) sin dar el salto a la responsabilidad ética; la comodidad de quedarse en la religión sin dar el salto a la fe; la comodidad de quedarse en el positivismo y el materialismo sin dar el salto a la utopía y a la espiritualidad; la comodidad de hacer del paciente un puro objeto de cura en lugar de un agente activo en los procesos diagnósticos y terapéuticos.
En el fondo, en la relación de ayuda corremos el peligro de actuar como el granjero, mientras que estamos llamados a hacer como el naturalista: acompañar a las personas y grupos a ser sí mismos.

Somos águilas y gallinas

Dentro de nosotros podemos encontrar un poco de águila y un poco de gallina. Tanto cuando ayudamos como cuando nos dejamos ayudar. Podemos adoptar actitudes semejantes a las del mismo águila que se resiste a explotar sus recursos.
El águila representa la misma vida humana en su creatividad, en su capacidad de romper barreras, en sus sueños, en su luz. Representa la persona con toda sus potencialidades, pero susceptible de acomodarse en la dependencia y comodidad del corral.
Aceptar la condición de águila supone responsabilizarse de la propia historia, participar activamente en el destino personal y comunitario, apostar por lo inédito viable, defender la propia identidad, arriesgarse a lo desconocido, aunque produzca vértigo, apasionarse por construirse y participar activamente en la sinfonía de fuerzas y contrariedades individuales y colectivas.
No aceptar la condición de águila significa desarrollarse sólo como gallina, sin sacar el jugo a los propios recursos, instalándose en la dependencia, enterrando en el sótano de la historia la riqueza personal y grupal, renunciando a la propia identidad, conformándose con la mediocridad y la comodidad de quien no vive o no le dejan vivir como protagonista en el escenario de la propia vida.
La relación de ayuda no es otra cosa que hacer de naturalista y promover el águila interior de cada persona.
No desarrollamos nuestra águila, nos comportamos como gallinas
  • Cuando no participamos activamente en los procesos diagnósticos y terapéuticos en la enfermedad.
  • Cuando delegamos responsabilidades y tomas de decisiones en los profesionales de la salud o de la acción social.
  • Cuando no nos aventuramos a conocer “nuevos corazones” y el nuestro propio, por miedo o inseguridad.
  • Cuando nos instalamos en el inmovilismo físico, mental, emocional o moral.
  • Cuando no cultivamos una sana autoestima, relacionada con las causas de exclusión y de enfermedad.
  • Cuando no decimos sí porque no nos atrevemos o cuando no decimos no porque no nos atrevemos.

Año publicación: 
2001
 Experto en humanización de la salud, en duelo y bioética, director máster en counselling, posgrado en duelo, en humanización, en gestión y en pastoral de la salud. Profesor de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, Católica de Portugal y Camillianum de Roma, autor de numerosos libros y artículos en español, portugués e italiano.

domingo, 18 de mayo de 2014

La Taza de Porcelana




Se cuenta que una vez en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas, era la que vendía vajilla antigua. Así encontraron una vez una hermosa tacita que llamó su atención:

_ “Me permite ver esa taza”, preguntó la Señora, _”nunca vi nada tan fino como eso.”

Cuanto la tuvo en sus manos, la tacita comenzó a hablarle:

_ “Sepa que yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo; hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente llegó un momento en que me desesperé y le grité:”¡Por favor! Ya déjeme en paz”. Sólo me sonrió y me dijo:
“_Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor! Me pregunté por qué mi creador querría quemarme, así que, toqué la puerta del horno. A través de la puerta del horno, pude leer los labios de mi creador que me decía:

_”Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

Finalmente se abrió la puerta. Mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor”, me dije a mi misma, pero, apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintando. ¡El olor de la pintura era horrible!¡sentía que me ahogaba! _“Por favor, ¡detente!” le gritaba a mi creador, pero el sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: “

Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

Al fin dejó de pintarme pero me tomó y ¡me metió nuevamente en un horno! No era como el primero, este era mucho más caliente. Ahora sí estaba segura que me sofocaría. Le rogué y le imploré que me sacara. Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo:

“_Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”. 

En ese momento me di cuenta que no había esperanza; nunca lograría sobrevivir a ese horno. Justo cuando estaba a punto de darme por vencida, mi creador abrió la puerta, me tomó cariñosamente entre sus manos y me puso en una repisa que era más alta que la anterior. Allí me dejó un momento para que me refrescara. 

Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo:

_“Mírate, esta eres tú”.

¡Yo no podía creerlo, esa no podía ser yo! ¡Lo que veía era hermoso!

Mi creador nuevamente me dijo: -“Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas te hubieras secado. Sé que te causó mucho dolor y calor haber estado en el primer horno, pero, de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También se que los gases de la pintura, te provocaron muchas molestias, pero, de no haberte pintado, no tendrías color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo porque la dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú eres un producto terminado. Eres lo que yo tenía en mente cuando te empecé a formar.

AGUANTA UN POCO MAS Y SERÁS EL MAS PERFECTO RESULTADO DE TU ALFARERO.


lunes, 17 de febrero de 2014

Leyenda china


 
Cuenta una antigua leyenda que un día un sabio visitó el infierno donde iban los matrimonios que no habían sido felices.

Allí encontró muchas parejas sentadas en torno a una mesa ricamente servida.

Estaba llena de innumerables y ricos manjares, pero el sabio vio con gran sorpresa que todos los comensales tenían cara de hambrientos, demacrados y de muy mal humor.

Tenían que comer con cucharas: pero no podían porque eran extremadamente largas, tanto…que parecían remos..

Por eso, por más que intentaban estirar sus brazos, nunca conseguían llevarse nada a la boca.
El sabio, decepcionado y triste por lo que acababa de ver, salió del infierno y se dirigió al cielo, donde se encontraban los matrimonios que sí habían sido felices.

Con un gran asombro, vio también allí una gran mesa llena de exquisitos manjares y llena de comensales y con cubiertos igual de largos que los del  infierno. Pero….

Esta vez todos estaban felices, respiraban alegría y satisfacción por todos los poros de su piel. Y es que allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con sus largas cucharas al que tenía enfrente….


;-))

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Leyenda china


Cuenta una antigua leyenda que un día un sabio visitó el infierno donde iban los matrimonios que no habían sido felices.


Allí encontró muchas parejas sentadas en torno a una mesa ricamente servida.


Estaba llena de innumerables y ricos manjares, pero el sabio vio con gran sorpresa que todos los comensales tenían cara de hambrientos, demacrados y de muy mal humor.


Tenían que comer con cucharas: pero no podían porque eran extremadamente largas, tanto…que parecían remos..


Por eso, por más que intentaban estirar sus brazos, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

El sabio, decepcionado y triste por lo que acababa de ver, salió del infierno y se dirigió al cielo, donde se encontraban los matrimonios que sí habían sido felices.


Con un gran asombro, vio también allí una gran mesa llena de exquisitos manjares y llena de comensales y con cubiertos igual de largos que los del  infierno. Pero….


Esta vez todos estaban felices, respiraban alegría y satisfacción por todos los poros de su piel. Y es que allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con sus largas cucharas al que tenía enfrente….


;-))


lunes, 9 de septiembre de 2013

El Anciano Sabio



 
Un anciano que pasaba los días sentado en un banco de la plaza que estaba a la entrada del pueblo, era muy querido por sus vecinos y siempre contestaba con mucha sabiduría a cualquier pregunta que le hicieran.

Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

–Hola, señor, acabo de llegar a este pueblo, ¿Me puede decir, cómo es la gente de este lugar?
–Hola hijo, ¿De dónde vienes? Preguntó el anciano.
–De un pueblo muy lejano.
–Dime, ¿Como es la gente allí?
–Son egoístas, envidiosos, malvados, estafadores… por eso me fui de aquel lugar en busca de mejores vecinos.
–Lamento decírtelo, querido amigo, pero los habitantes de aquí son iguales a los de tu ciudad.
El joven, lo saludó y siguió viaje.

Al siguiente día pasó otro joven, que acercándose al anciano, le hizo la misma pregunta:

–Acabo de llegar a este lugar, ¿Me podría decir cómo son los habitantes de esta ciudad?
–¿Cómo es la gente de la ciudad de dónde vienes?
–Ellos son buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores… tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos.
–Los habitantes de esta localidad también son así. Respondió el anciano.
–Gracias por su ayuda, me quedaré a vivir con ustedes.

Un hombre que también pasaba muchas horas en la misma plaza, no pudo evitar escuchar las dos conversaciones y cuando el segundo joven se fue, se acercó al anciano y le preguntó:

–¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes si los dos jóvenes te hicieron la misma pregunta?
–En realidad todo está en nosotros mismos. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquellas personas que tenían amigos en su ciudad de origen, también los encontrarán aquí, porque las personas reciben aquello que ellas mismas están dispuestas a dar a los demás.

«Todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti. Tú simplemente déjalo salir, compártelo con los demás y cuando menos te lo esperes regresará a tu vida»


¿A que es bonita?  Pues hay que agradecérsela a José Luis Prieto y su web www.reflexionesparaelalma.net



La cocina de Oliva

lunes, 6 de mayo de 2013

Clavos que dejan huella



Esta es la historia de un muchachito que tenia muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. 

El primer dia, el muchacho clavo 37 clavos detras de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio,clavaba cada vez menos clavos detras de la puerta. 

Un día descubrio que era mas facil controlar su genio que clavar clavos detras de la puerta. Llego el dia en que pudo controlar su carácter durante todo el dia.
Despues de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada dia que lograra controlar su carácter. 

Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban mas clavos para retirar de la puerta... 

Su padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mio, pero mira todos esos hoyos en la puerta.. Nunca mas sera la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.

Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastara, y la cicatriz perdurara para siempre. 

 Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física"


viernes, 15 de febrero de 2013

El ciempiés



Qué complicación (exclamó el Abad viendo caminar a un ciempiés) y qué maravilla: lo hace tan bien que parece fácil. 

De pronto, le vino a la memoria una historieta que había escuchado no sabía dónde: 

 "El pequeño ciempiés sintió que debía lanzarse a caminar, y preguntó inquieto a su madre:

  Para andar, ¿qué pies debo mover primero: los pares o los impares, los de la derecha o los de la izquierda, los de delante o lo de detrás? ¿O los del centro? ¿Y cómo? ¿Y por qué?

  Cuando quieras andar, hijo mío -le respondió la madre-

 Deja de cabilar y... anda".

lunes, 5 de noviembre de 2012

Y tú ¿cual de los tres eres?




En un Blog de los que visito asiduamente y que me encanta,  http://lacocinadeoliva.blogspot.com.es/he encontrado hoy esta historia, me ha encantado y por eso y con su permiso la copio y la pego aquí para quien quiera verla.

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. 
 
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. 
 
 
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: 
- "Querida, ¿qué ves?" 
-"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. 
 
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: 
"¿Qué significa ésto, padre?" 
 
El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. 
 
"- ¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? 
 
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. 
 
Y tú, ¿cual de los tres eres?
 
 

INMOBALIA C/ CORRAL DE LOS OLMOS, 1 SEVILLA 955 51 52 52